Aislamiento lleva a jóvenes al odio digital
Laura Estrada
El aislamiento, la falta de herramientas para establecer relaciones sociales y la necesidad de pertenecer a un grupo pueden llevar a algunos adolescentes y jóvenes a buscar refugio en comunidades digitales, donde incluso pueden encontrar espacios que justifican conductas de odio o violencia, advirtió el psicólogo Fernando Alfaro, en Acuña.
Explicó que las redes sociales han facilitado considerablemente la comunicación entre jóvenes, particularmente para quienes tienen dificultades para relacionarse de manera presencial. Sin embargo señaló que cuando desde la infancia no se proporcionan los recursos necesarios para aprender a hacer amigos, establecer relaciones de pareja, enfrentar el bullying o resolver conflictos, pueden surgir sentimientos de aislamiento, frustración e incomprensión.
El especialista señaló que las comunidades digitales permiten encontrar un sentido de pertenencia sin necesidad de que exista una convivencia física, por lo que algunos jóvenes pueden sentirse más cómodos interactuando detrás de una pantalla o incluso de una identidad determinada. Advirtió que el riesgo aumenta cuando un joven que ya experimenta frustración, rechazo o enojo encuentra una comunidad en la que otras personas comparten esos sentimientos y comienzan a justificar la idea de que determinados grupos son sus enemigos.
En estos espacios dijo, puede desarrollarse una dinámica de psicología grupal en la que se normalizan o justifican conductas discriminatorias y violentas. En este contexto mencionó a la comunidad INCELS término utilizado para referirse a hombres que se identifican como “célibes involuntarios”, quienes pueden experimentar dificultades para establecer relaciones afectivas y sexuales. Alfaro explicó que en determinados casos, el rechazo y la frustración pueden ser interpretados desde estas comunidades como una injusticia que les da derecho a responsabilizar o agredir a otras personas, particularmente a mujeres.
Resaltó que esto no significa que todos los jóvenes que pertenecen a una subcultura o comunidad digital sean violentos, ni que la pertenencia a estos grupos sea por sí misma una señal de peligro. Consideró necesario analizar qué circunstancias llevaron al joven a buscar ese espacio, qué contenidos consume y qué tipo de ideas está encontrando y reforzando dentro de él.
Agregó que la familia, la educación, los valores, el contenido multimedia al que tienen acceso los menores y la supervisión de los adultos forman parte de un conjunto de factores que pueden influir en la manera en que un adolescente interpreta el mundo.
También mencionó que el consumo prolongado de contenidos violentos puede contribuir a una desensibilización ante situaciones de muerte o agresión, especialmente cuando no existe un adulto que ayude al menor a diferenciar la ficción de la realidad y procesar lo que observa. Destacó que el desarrollo cerebral también es un factor importante, debido a que durante la adolescencia las áreas relacionadas con la planeación y la regulación de las emociones todavía se encuentran en proceso de maduración; por ello consideró fundamental que los jóvenes cuenten con acompañamiento y orientación mientras desarrollan estas capacidades.
Ante estas circunstancias, recomendó a madres y padres mantener una comunicación cercana con sus hijos y prestar atención a cambios repentinos en su comportamiento. Entre las señales de alerta mencionó el aislamiento, cambios en los hábitos de alimentación, descuido personal, desánimo constante, referencias frecuentes a la muerte, irritabilidad, agresividad, frustración excesiva, golpes a objetos, permanencia prolongada en internet o bromas relacionadas con hacer daño a otras personas.
