Banner

El medio que cubre todo Coahuila

23 de septiembre de 2026
Local

“Somos el milagro de alguien más”

“Somos el milagro de alguien más”
  • septiembre 23, 2026

Juan de León Estrada

La donación de órganos permite que una persona trascienda y, aún después de la muerte, dé a otros la oportunidad de continuar viviendo; esta voluntad, sin embargo, en muchas ocasiones no se cumple ante la oposición de el o la cónyuge o de  los descendientes, que por ley, tienen la última palabra en el tema, por lo que es importante platicarlo en vida con la familia.

Así lo señala el doctor José Antonio Flores, coordinador de Procuraciones del Hospital General de Zona No. 2 del Instituto Mexicano del Seguro Social en Saltillo, quien conversó con Juan De León para Grupo Región acerca de los avances alcanzados en Coahuila, los mitos que todavía impiden muchas donaciones y la necesidad de hablar del tema en familia.

Destacó que el presente año ha sido el mejor de la última década para la procuración en esta unidad médica.

Sin embargo, advirtió que la voluntad de un posible donante puede quedar sin efecto cuando sus familiares desconocen su decisión o se oponen durante el duelo. Por ello, insistió en que la conversación debe darse en vida.

 

—Doctor, ¿qué representa la procuración de órganos?

—Es un acto de generosidad, un acto completamente altruista. En este último año hemos visto una respuesta muy favorable por parte de la comunidad y de los coahuilenses. Hemos mejorado nuestras metas, pero, más que cumplir una cifra, lo importante es que hemos ayudado a dar vida a otras personas que se encuentran en lista de espera y aguardan este acto tan bondadoso.

 

—¿Los coahuilenses nos hemos vuelto más solidarios?

—La respuesta ha sido muy importante. En los últimos diez años no habíamos tenido tantas donaciones como ahora. Este año llevamos cinco donaciones multiorgánicas; estamos hablando de la posibilidad de procurar corazón, riñones, hígado, córneas y otros tejidos. También hemos tenido ocho donaciones después de una parada cardiaca, de las cuales se obtienen principalmente tejidos. La generosidad de la comunidad se ha hecho visible. También ha ayudado mucho la difusión, porque permite aclarar dudas y hablar de un tema que todavía provoca temor.

 

—¿Cuál es el principal obstáculo que encuentran cuando una persona manifestó su deseo de donar?

—De acuerdo con el análisis que realizamos, una de las causas principales es que el tema no se platica entre la familia. La persona puede tener la voluntad de ser donante, pero sus seres queridos quizá nunca lo supieron. Cuando llega un momento tan difícil como la muerte, en pleno duelo, no existe un acuerdo y puede surgir la negativa.

Una persona puede registrarse como donante ante el Cenatra o dejar su voluntad expresada ante un notario, pero todavía debemos consultar a la familia directa: la pareja, los padres o los hijos. Si alguno de ellos se opone, el proceso puede detenerse, aunque la persona haya manifestado su intención. Por eso siempre les digo a las familias que lo mejor es hablarlo en vida y dejar muy clara la decisión.

 

—¿Qué mitos y temores siguen presentes?

—Uno de los mayores temores es pensar que se va a mutilar el cuerpo o que quedará deformado. Las familias preguntan si podrán despedirse de su ser querido o tener el féretro abierto. Existe un procedimiento llamado dignificación, mediante el cual se procura que el cuerpo sea entregado de manera adecuada. La familia puede verlo y despedirse; no queda expuesto aquello que se realizó durante la procuración.

También existen dudas relacionadas con la religión. Algunas personas creen que, si alguien es sepultado sin un órgano, no podrá entrar al cielo o no tendrá una despedida digna. Hemos conversado con representantes de distintas expresiones católicas y cristianas y no existe un principio que condene la donación. Por el contrario, uno de los mensajes más importantes de la fe es ayudar al prójimo.

 

—¿Cuántas personas esperan un órgano?

—El Centro Nacional de Trasplantes es la institución que regula la lista de espera. Se estima que cada diez minutos se incorpora una persona y actualmente existen entre 16 mil y 18 mil pacientes en espera en todo el país. El proceso es confidencial y está muy regulado. Nosotros podemos conocer algunos datos generales o el estado al que será enviado un órgano, pero no la identidad de quien lo recibirá.

 

—¿Cuánto tiempo puede pasar una persona esperando?

—Pueden ser meses o años. Depende del órgano que necesita, de su condición médica y que aparezca un donante compatible. No tenemos un dato preciso de cuántas personas fallecen mientras esperan, porque esa información es manejada por el Cenatra, pero sabemos que la necesidad es muy grande. Por eso cada donación puede representar la diferencia entre continuar esperando o recibir una nueva oportunidad de vida.

 

—¿Qué órganos o tejidos puede donar una persona?

—Depende del tipo de muerte. Existe la muerte por parada cardiaca, que ocurre cuando una enfermedad o una lesión hace que el corazón deje de funcionar. En esos casos pueden procurarse principalmente tejidos: córneas, piel y tejido musculoesquelético, como tendones, músculos y huesos.

También existe la muerte encefálica, ocasionada por una lesión o enfermedad que produce el fallecimiento irreversible del cerebro. En esas circunstancias, algunos órganos pueden continuar funcionando durante horas o incluso días con apoyo médico. El tiempo depende de las condiciones de cada paciente. Nosotros trabajamos para conservar esos órganos en el mejor estado posible, por si la familia acepta la donación.

 

—En ocasiones se piensa que donar tejidos tiene menor importancia que donar un órgano vital. ¿Qué impacto pueden tener?

—El impacto es enorme. Pensemos, por ejemplo, en un niño con cáncer de hueso. Anteriormente podía ser necesario amputar una extremidad completa. Ahora puede retirarse únicamente la parte afectada y utilizar un segmento de hueso donado con la medida necesaria, lo que permite que el menor conserve su extremidad y continúe creciendo. También se ayuda a personas lesionadas en accidentes laborales o a pacientes con quemaduras mediante la donación de piel. Cada tejido tiene la capacidad de mejorar o transformar la vida de alguien.

 

—¿Hay alguna historia que lo haya marcado especialmente?

—Recuerdo a un hombre que se encontraba en muerte encefálica. Mientras realizábamos la entrevista con su esposa y sus hermanos había cierta resistencia. La madre pidió que también participaran los hijos, algunos adolescentes y otros más pequeños. Fue una conversación difícil, pero se contó con el acompañamiento de las áreas de bioética y tanatología.

Cuando hablamos con los hijos, comenzaron a decir que su papá era Superman, que para ellos siempre había sido un héroe porque ayudaba a la gente. Durante su hospitalización habían visto acercarse a familiares y a personas que ellos ni siquiera conocían, pero que tenían alguna historia sobre la ayuda que habían recibido de él.

Después de comprender el proceso, los hijos dijeron: “Queremos que siga siendo el héroe que siempre fue”. Sabían que iba a fallecer, pero deseaban que continuara ayudando a otras personas. La donación también les permitió encontrar un sentido dentro de su duelo.

 

—¿Ha conocido a alguna persona que viva gracias a un órgano procurado en Coahuila?

—Durante el inicio de la Semana de la Donación ofrecimos pláticas en el hospital. Se acercó un señor y me dijo que tenía ocho años de haber recibido un trasplante de corazón y que ese corazón había sido procurado aquí, en Coahuila. Nos agradeció el trabajo. Escuchar de frente a alguien que continúa viviendo gracias a una donación es algo que nos motiva a seguir adelante.

 

—¿La familia del donante puede saber quién recibió los órganos?

—No. Eso forma parte de la narrativa que con frecuencia vemos en las películas, pero en la vida real se protege la confidencialidad. El Cenatra resguarda tanto la identidad del donante como la del receptor, para evitar que posteriormente exista presión, contacto indebido o alguna situación que afecte a cualquiera de las partes.

Cuando comienza un proceso se informa al IMSS a nivel nacional y al Cenatra. Se generan códigos para cada órgano y todo queda registrado. Me ha tocado trasladar órganos a diferentes lugares de la República y es un procedimiento totalmente normado: se utiliza identificación institucional, en el aeropuerto interviene la Guardia Nacional y, al llegar al destino, ya esperan las autoridades y el personal médico que recibirá el órgano. No existe margen para desviarlo o comercializarlo.

 

—La Clínica 2 procura órganos, pero no realiza trasplantes. ¿Podría cambiar esta situación?

—Actualmente somos una unidad procuradora, pero todavía no trasplantamos. Este ha sido nuestro mejor año y nos encontramos en tercer lugar nacional entre los hospitales generales de zona por el número de procuraciones. Incluso recibimos recientemente un reconocimiento nacional.

La intención es que estos resultados permitan demostrar que Coahuila está haciendo bien las cosas. Con los proyectos hospitalarios que vienen para el IMSS, esperamos que en algún momento pueda abrirse un programa de trasplantes en el estado. Eso permitiría formar una lista local y evitar que muchos pacientes coahuilenses tengan que trasladarse a otras entidades para recibir atención.

 

—¿A partir de qué edad se puede ser donante?

—De manera general, desde los dos hasta los 68 años. Existen criterios médicos extendidos que pueden permitir una donación hasta aproximadamente los 70 o 72 años. Más que la edad por sí sola, se valora el estado de los órganos y la presencia de enfermedades crónico-degenerativas, como diabetes o hipertensión, que con el paso del tiempo pueden dañarlos. Cada caso debe estudiarse individualmente.

 

—¿Cuál sería su mensaje para quienes consideran convertirse en donantes?

—Mi lema es: “Somos el milagro de alguien más”. Venimos a ayudar al prójimo y no sabemos en qué momento nosotros, nuestros hijos o alguien de nuestra familia podría necesitar un órgano o un tejido. Hablarlo en casa y expresar nuestra voluntad puede hacer posible que, aun después de nuestra muerte, sigamos ayudando.

Podemos convertirnos en la esperanza de una persona que lleva meses o años esperando. Podemos ser el milagro de alguien más.