Banner

El medio que cubre todo Coahuila

22 de septiembre de 2026
Opinión

Con-ciencia y sin corbata

Con-ciencia y sin corbata
  • septiembre 22, 2026

No puedes motivar a nadie

EMILIANO CALVERT

La nota técnica que me inspiro al artículo anterior tenía demasiados temas buenos como para meterlos todos a fuerza en una sola columna. Así que tuve que partirla en dos.

En la primera hablábamos de una idea que me sigue pareciendo buenísima: pagar correctamente no significa, por sí solo, que alguien esté motivado.

Ahora viene la parte más difícil (cuiden su ego al leer lo siguiente).

Tal vez nosotros no motivamos a nadie.

Podemos poner bonos, premios, reconocimientos, metas y comisiones.

Pero al final, la decisión de moverse sigue siendo de la persona.

La nota lo dice de una manera que me gustó mucho: en sentido estricto no existe la “motivación por otros”, sino la automotivación. Nosotros podemos proponer motivos, crear condiciones, premiar o presionar… pero no podemos meternos a la cabeza de alguien y apretar el botón de “échale ganas”.

Y eso cambia bastante la forma de dirigir.

Juan Antonio Pérez-López divide los motivos en tres: extrínsecos, intrínsecos y trascendentes.

Los primeros son fáciles de entender.

Trabajo porque me pagan.

Vendo porque hay comisión.

Cumplo porque quiero el bono.

Perfecto. Funciona.

Pero hay otro nivel.

Hago algo porque disfruto hacerlo, porque aprendo, porque me reta.

Y todavía hay un tercero: hago algo porque beneficia a alguien más.

Porque me importa mi equipo.

Porque quiero que mi familia esté mejor.

Porque siento que lo que hago tiene sentido más allá de mí.

Ahí la cosa cambia drásticamente.

Porque no es lo mismo tener a alguien trabajando por el bono que tener a alguien que disfruta lo que hace, y mucho menos a alguien convencido que lo que hace vale la pena.

Los tres pueden llegar temprano.

Los tres pueden cumplir el objetivo.

Pero probablemente no estén entregando lo mismo.

Y ahí está una de las grandes broncas de dirigir personas: intentamos motivar a todos con la misma receta.

Subimos el bono.

Ponemos una meta.

Inventamos otro KPI.

Mandamos un correo diciendo que “somos una familia”.

Y listo.

Supuestamente todos motivados.

Pero las personas somos bastante más complejas que una hoja de Excel.

A uno le importa el dinero. A otro la autonomía. A otro aprender. A otro el reconocimiento. A otro llegar temprano a su casa. Y la misma persona puede querer cosas distintas según el momento/ etapa de su vida.

La nota usa un ejemplo de El Quijote que me encantó. Sancho Panza condena a un joven a pasar la noche en prisión y el muchacho le responde, que podrán encerrarlo, pero nadie puede obligarlo a dormir.

¿Qué loco no?

Puedes tener a alguien ocho horas sentado frente a una computadora.

Eso no significa que esté comprometido.

Puedes obligarlo a ir a la junta.

No significa que esté escuchando.

Puedes pagarle por cumplir.

No significa que quiera construir contigo.

Creo que por eso una de las responsabilidades más importantes de un jefe no sólo sea “motivar a su gente”.

Tal vez sea conocerla.

Entender qué mueve a cada persona y construir un ecosistema donde tenga razones para querer hacer bien las cosas.

Y después aceptar algo que nos cuesta:

la última decisión nunca es nuestra.

Puedes abrir la puerta.

Puedes explicar por qué vale la pena cruzarla.

Puedes incluso poner una recompensa del otro lado.

Pero si todos los días tienes que cargar a alguien para meterlo…

probablemente ya no tienes un problema de motivación.

Tienes otro problema.