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14 de septiembre de 2026
Opinión

Con-ciencia y sin corbata

Con-ciencia y sin corbata
  • septiembre 14, 2026

Saltillo le dio al blanco

Emiliano Calvert

En Saltillo somos buenos para presumir el sarape, el pan de pulque y ese frío que defendemos como si nosotros hubiéramos inventado el invierno. Pero este fin de semana tuvimos otra razón para sentirnos orgullosos: el tiro con arco puso a nuestra ciudad en el mapa.

La Plaza de Armas fue escenario de la Final de la Copa del Mundo de Tiro con Arco, para 32 arqueros, con siete representantes mexicanos. Tener una competencia de ese tamaño en el corazón de Saltillo claro que vale la pena celebrarse. Qué fregón que lugares por donde pasamos tantas veces puedan convertirse en el escenario de los sueños de alguien.

Y qué responsabilidad para quienes hacen posible estos proyectos. Porque detrás de una competencia también hay organización, coordinación y personas trabajando para que los demás podamos disfrutarla. A ellos también les toca un fuerte aplauso.

Verlos competir creo que inevitablemente me lleva a pensar…. Uno siente presión cuando le preguntan cómo va el proyecto en la junta del lunes. Ellos tienen que controlar los nervios, sostener el pulso y darle al blanco con el mundo viéndolos. Y sin poder decir: “Ahorita te mando el avance”.

Nos encanta hablar de los jóvenes. Que viven distraídos, que quieren todo rápido, que no aguantan nada. Somos buenísimos diagnosticando generaciones desde una silla, mientras nos desesperamos porque el WhatsApp no carga.

Y luego aparecen jóvenes capaces de competir entre los mejores del mundo. Ahí están Matías Grande, Ana Paula Vázquez, Dafne Quintero y Sebastián García: orgullosamente Coahuilenses que nos dan motivos para voltear a ver el talento que tenemos.

Llegar a ese nivel exige algo antes que una medalla: repetir. Corregir. Volver a entrenar. Aguantar un mal día sin convertirlo en una excusa que te desmotive.

El público ve la flecha. Los deportistas cargan con todo lo que hicieron antes de soltarla.

Eso me parece lo más valioso que nos deja una competencia así. Nos pone de frente una forma de construir resultados que a veces se nos olvida: trabajar cuando todavía no hay nada que celebrar.

También nos enseña que: Una flecha que ya salió no regresa porque te enojes. Puedes hacer berrinche, culpar al viento o explicarle al universo que tú merecías más puntos. El blanco no se conmueve.

Te toca preparar la siguiente.

Cuánto nos serviría llevar esa idea a la oficina, a la casa y a nuestras conversaciones. Reconocer dónde fallamos, ajustar y evitar que el error anterior nos arruine lo que todavía podemos hacer.

Pero hay otra reflexión que me emociona como saltillense: lo que puede pasar cuando un niño ve a un deportista de su tierra competir en un escenario así. La distancia entre “qué impresionante” y “yo quiero intentarlo” puede acortarse muchísimo.

Por eso, ojalá el entusiasmo sobreviva al desmontaje. Que haya espacios, entrenadores y apoyo para quienes quieran empezar. Que sepamos acompañar al talento cuando necesita pagar el camino, y no solamente cuando vuelve con algo colgado al cuello.

Es muy cómodo pedirles a los jóvenes que apunten alto mientras les regateamos las oportunidades.

Saltillo tuvo una gran razón para sentirse orgulloso. Ahora nos toca convertir ese orgullo en algo que dure.

Para salir en la foto con un campeón siempre sobra gente. Lo que hace falta es estar cuando todavía falla el blanco.