Rio Babel
Regreso a clases y al bullying
Por Luis Guillermo Hernández Aranda
Recientemente platicaba con una maestra de primaria. La docente con varios años de experiencia me contaba que, de un tiempo para acá, cuenta, los alumnos han cambiado mucho. A veces para bien, a veces para mal. Son más despiertos ahora que hace unos 5 o 10 años. Son abiertos y no temen preguntar sobre cualquier cosa, aunque a veces, esas preguntas sean difíciles de responder.
Otra cosa que recalca la maestra es la facilidad de los niños para entenderse con la tecnología. A sus escasos 7 u 8 años ya manejan a la perfección smartphones, computadoras, y uno que otro ya incursiona en las redes sociales, muchas veces, sin el conocimiento de sus padres.
Para ella el lado oscuro de este temprano contacto con la tecnología estriba en la amplia gama de malos ejemplos que están a la mano de cualquier niño, desde series violentas de televisión, hasta pornografía por internet. Los padres, continúa, tienen menos tiempo que hace unas cuantas generaciones y no les ponen la suficiente atención a sus hijos.
En los últimos años la maestra ha sido testigo de un caso de drogadicción infantil e incluso de un posible caso de violencia y abuso sexual infantil.
Más allá de las anécdotas los datos duros revelan la gravedad del problema. Informes de la ONG Bullying Sin Fronteras y estimaciones de la OCDE sitúan con frecuencia a México en la primera posición global en número absoluto de casos en educación básica. Otras mediciones recientes ubican al país en el segundo puesto internacional con más de 280,000 casos reportados anualmente.
Para algunos especialistas el bullying es un paso al pandillerismo y a otros problemas sociales, hace tres años sólo tres de cada diez niños eran víctimas de este problema, y ahora son siete de cada diez, y es necesario revertir la tendencia
Además de que no podemos perder de vista que el acoso escolar es una situación que si no se atiende de manera oportuna va escalando al pasar de agresiones verbales a físicas y sicológicas, e incluso trasciende la vida escolar presencial al ciberespacio, lo que ocasiona que las víctimas llegan al punto de que no encuentran qué hacer y toman la decisión de quitarse la vida.
En esta semana muchos jóvenes regresaron a la escuela a lo largo y ancho del país, pero también muchos regresaron para sufrir bullying, de ahí la necesidad de que las escuelas tengan los protocolos necesarios para detectar estos problemas, apoyar y acompañar a las víctimas, pero sobre todo erradicarlo. Tarea que no es exclusiva de las escuelas sino también de los padres de familia.
@lharanda
