Con-ciencia y sin corbata
Llegar antes
Por: Emiliano Calvert
Hoy tuve el privilegio de ser invitado por la Universidad Iberoamericana de Saltillo a sumarme como mediador a una campaña social para la prevención del suicidio. Acepté ponerme a la orden casi de inmediato. No porque tenga todas las respuestas (de hecho, estoy bastante lejos de tenerlas), sino porque hay causas ante las que uno no necesita sabérselas todas para entender que debe participar. Durante la platica, el gran equipo que encabeza esta campaña me compartió una realidad que está golpeando fuertemente a nuestra ciudad. Me explicaron que una parte importante del problema se presenta en hombres de entre 29 y 45 años. El dato se me quedó dando vueltas. Porque esa es, justamente, la edad en la que pareciera que un hombre ya debería tener la vida resuelta. Trabajo. Familia. Responsabilidades. Deudas, probablemente. Y, por supuesto, la obligación no escrita de contestar que “todo bien”, aunque por dentro no esté bien absolutamente nada. A muchos hombres nos enseñaron a resolver, producir, proteger, aguantar y seguir adelante. Lo que casi nunca nos enseñaron fue a pedir ayuda. Nos enseñaron que llorar era exagerar, que ir a terapia era para locos y que hablar de nuestros miedos podía hacernos ver débiles. Entonces uno aprende a guardar. Guarda el cansancio. Guarda el miedo. Guarda la tristeza. Hasta que un día ya no sabe dónde guardar tanto. Por eso hubo una frase de la reunión que me pareció especialmente importante: estos fenómenos no pueden atenderse únicamente cuando la crisis ya estalló. La intervención es indispensable cuando existe un peligro inmediato, pero la verdadera lucha también está en la prevención. En llegar antes. Antes que el silencio se convierta en aislamiento. Antes que la tristeza se vuelva una rutina. Antes que alguien piense que su ausencia pesa menos que sus problemas. Prevenir no significa convertirnos todos en psicólogos. Significa construir espacios donde alguien pueda decir “no estoy bien” sin sentir que acaba de confesar un fracaso. Significa aprender a escuchar sin interrumpir con el clásico “échale ganas”. Porque, aunque normalmente se dice con cariño, hay dolores que no se resuelven echándole ganas. Así como no curamos una fractura diciendo “camina con actitud”, tampoco deberíamos minimizar una caracteristica emocional con una frase bonita. Prevenir también puede empezar con una pregunta muy facil: “¿Cómo estás… pero de verdad?” Y después quedarse el tiempo suficiente para escuchar la respuesta. Especialmente entre hombres, necesitamos dejar de confundir fortaleza con silencio. Un motor no es más fuerte porque sigue funcionando hasta incendiarse. Sin embargo, muchas veces felicitamos a las personas por aguantarlo todo, incluso cuando claramente se están rompiendo. Participar en esta campaña me honra, pero también me compromete. Porque esta causa no le corresponde solamente a una universidad, a un gobierno o a un grupo de especialistas. Nos corresponde a todos. A las familias. A las empresas. A las escuelas. A los amigos que notan que alguien dejó de ser el mismo. A quienes podemos acompañar, preguntar, escuchar y acercar ayuda profesional sin juzgar. No sé todavía cuál será exactamente mi papel dentro de esta campaña. Lo que sí sé es por qué quiero estar. Hay proyectos que buscan vender, construir o crecer. Este busca que más personas puedan llegar a mañana. Y pocas cosas pueden ser más importantes que esa. Tal vez prevenir el suicidio comienza con algo que se ve pequeño: volver a vernos con atención. No cuando el silencio ya esté gritando. Antes. Si tú o alguien que conoces necesita apoyo, puede comunicarse a la Línea de la Vida al 800 911 2000, disponible las 24 horas. Ante un peligro inmediato, llama al 911.
