Camino a Valinor
Despegamos nuestras mejores galas
José Inocencio Aguirre Willars
¡Hola! Muy buenos días, tardes o noches…
El 20 de agosto de 1977, hace exactamente 49 años y apenas nueve días antes que yo naciera, la humanidad lanzó al espacio la sonda Voyager 2.
Yo todavía no llegaba a este mundo y una pequeña nave ya comenzaba a alejarse de él.
Voyager 2 visitó Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno. Es, hasta ahora, la única nave construida por el ser humano que ha observado de cerca estos dos últimos planetas y hoy continúa viajando por el espacio interestelar, más allá de la zona de influencia del Sol.
Pero quizá lo más conmovedor no sea la distancia que ha recorrido, sino aquello que lleva consigo.
En su interior viaja un disco de oro con imágenes de la Tierra, sonidos de la naturaleza, música de distintas culturas y saludos en 55 idiomas. Es una especie de carta de presentación dirigida a quien pudiera encontrarla algún día.
No enviamos guerras, discursos de odio ni imágenes de nuestras divisiones. Elegimos mostrar la lluvia, las aves, la música, la diversidad de nuestros rostros y la capacidad humana de comunicarse.
Enviamos nuestra mejor versión.
Hace poco vi Proyecto Hail Mary, una película en la que un maestro interpretado por Ryan Gosling viaja al espacio buscando una solución ante una amenaza que puede apagar poco a poco al Sol y destruir la vida en la Tierra. En su camino conoce a Rocky, un ser procedente de otro mundo que también intenta salvar a los suyos.
Sin contar demasiado, lo que más me gustó fue su mensaje: aun cuando todo parece perdido, la inteligencia no basta. Para encontrar una salida también hacen falta confianza, generosidad, amistad y la capacidad de colaborar con alguien completamente distinto.
Quizá por eso pensé nuevamente en Voyager.
Hace 49 años no enviamos únicamente una máquina. Mandamos un mensaje esperanzador: somos curiosos, hacemos música, buscamos respuestas y, pese a todas nuestras contradicciones, todavía queremos encontrarnos con otros sin comenzar por el miedo.
Hoy nuestro planeta sigue enfrentando guerras, desigualdad, intolerancia y desencuentros. Sin embargo, la humanidad también sigue curando, enseñando, creando, explorando y ayudando.
Tal vez nuestra mejor versión no sea una descripción exacta de lo que somos todos los días. Tal vez sea una promesa de aquello que todavía podemos llegar a ser.
Mientras nosotros continuamos discutiendo nuestro rumbo, una pequeña nave avanza silenciosamente entre las estrellas, llevando consigo la esperanza que seamos recordados no por lo peor que hemos hecho, sino por lo mejor que fuimos capaces de imaginar.
Saludos a todas y a todos…
