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4 de agosto de 2026
Opinión

Con-ciencia y sin corbata

Con-ciencia y sin corbata
  • agosto 4, 2026

Love is in the air
Por: Emiliano Calvert

Hay niveles de amistad. Está el amigo que te felicita por Facebook cuando le aparece la notificación. Y está el que se aparece con cables y pinzas cuando te quedaste tirado. Austin, Texas, lleva 58 años siendo lo segundo para Saltillo. Déjame te cuento. El otro día me tocó coordinar la mesa de medio ambiente del “Austin Day in Saltillo”, en el marco de los 449 años de la ciudad. Expertos de allá, expertos de acá, y un solo tema: cómo cuidar la casa que compartimos. La hermana chiquita Primero, el dato que me encanta: Saltillo tiene 449 años. Austin, 186. Nosotros somos la hermana mayor. Pero la menor es la que nos ha echado la mano. Y no de ahorita: desde 1968, cuando un alcalde texano y un gobernador coahuilense firmaron la hermandad. Piénsalo tantito: 1968. No había correo electrónico, ni redes sociales, ni vuelos baratos. Aquella amistad se firmó a máquina de escribir y se ha mantenido a la antigüita: con visitas, con cartas, con favores que se regresan. Así duran las cosas. ¿Y qué ha dejado esa amistad? Cosas muy concretas. Cuando Saltillo necesitó tratar sus aguas negras, fuimos a ver cómo le hacía Austin… y hasta el modelo de composta nos trajimos. Cuando quisimos proteger al oso negro y regresar al borrego cimarrón a nuestras sierras, ahí estuvo la mano de Austin. ¿Los murciélagos? Allá tienen un puente, el de la calle Congress, donde verlos salir por la tarde es espectáculo de ciudad. Acá aprendimos a verlos como se merecen: no como plaga, sino como vecinos que trabajan de noche. Y una historia no muy conocida: la baldosa de Saltillo, el famoso Saltillo Tile, se hacía quemando llantas. Con un “sello verde” trabajado entre ambas ciudades, esa práctica se acabó… y el tile pudo seguir cruzando la frontera con la frente en alto. O sea: esta hermandad es realmente proactiva ¿Y ahora qué sigue? Primero, una postal: empresarios, asociaciones civiles y gente de gobierno en la misma mesa, escuchándose. Sin protagonismos. Puros saltillenses y austinitas que fueron a regalar su viernes porque el tema les importa. Eso, así de simple, ya es noticia. En la mesa se habló de aire, de agua y de residuos. Se habló con números, con expertos y con honestidad. Una de las charlas hasta se llamaba “Love is in the air”, y no era broma. ¿Qué acordamos? Te lo voy a deber tantito. No porque sea secreto. Sino porque los planes se presumen cuando se cumplen, no cuando se anuncian. Lo que sí te puedo decir: quedaron fechas, quedaron nombres y quedó gente de los dos lados con ganas que esto no se quede en el papel. Ahí la vamos a ir contando. Y un adelanto que me gusta presumir: la mesa no es nada más de aire, agua y residuos. El cuarto tema son los seres sintientes. Sí, leíste bien: los animales con los que compartimos la ciudad también tienen silla en esta platica. Ya habrá columna para contarte eso con calma. Bajemos esto a la banqueta En la mesa alguien citó una caricatura viejita, Pogo: “Hemos conocido al enemigo y somos nosotros.” Me quedé pensando en eso todo el fin. Porque es fácil hablar del medio ambiente como si fuera problema de gobiernos y comités. Y no. El aire que respiramos, el agua que gastamos y la basura que generamos traen nuestra firma. La tuya y la mía. Sin discursos aburridos: yo también traigo carro y también me quejo del calor con el clima al 18. Pero hay algo que sí podemos copiarle a esta hermandad: juntarnos con quien nos hace mejores. Las ciudades, igual que las personas, se acaban pareciendo a sus amistades. Y dimensiona lo que son 58 años: tú y yo no aguantamos tres meses en un grupo de WhatsApp sin ponerlo en silencio. Estas dos ciudades, con otro idioma, otra moneda y gobiernos que cambian seguido, llevan más de medio siglo sin soltarse. Austin y Saltillo llevan 58 años enseñándonos que la amistad de verdad no es la que te dice lo que quieres escuchar. Es la que te presta lo que le funcionó, te dice lo que no quieres oír… y se sienta contigo a resolver. Ojalá que dentro de otros 58 años alguien escriba que nuestra generación también le dejó algo a esta historia. Un aire más limpio, por ejemplo. Porque el compromiso, cuando es de verdad, se nota hasta en el aire.