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22 de julio de 2026
Opinión

Con-ciencia y sin corbata

Con-ciencia y sin corbata
  • julio 22, 2026

Se acabo el corrido
Emiliano Calvert

Los corridos siempre terminan antes de tiempo.

Se acaba la música, se va alejando la camioneta y termina el video. Nadie cuenta qué pasa cuando el protagonista envejece, pierde el poder y escucha una sentencia que durará más que él.

Este lunes, en una corte de Brooklyn, un hombre de casi 80 años escuchó la palabra que resume el resto de su vida:

Perpetua.

Ismael Zambada García, “El Mayo”. Cofundador del Cártel de Sinaloa. Durante casi cuatro décadas lideró una organización criminal de las más violentas del mundo y logró algo que parecía imposible: pasar décadas prófugo sin haber pisado una cárcel.

Hasta ahora.

No voy a contar aquí sus atrocidades ni a engrandecer su biografía. Para eso ya existe toda una industria que ha convertido a los criminales en personajes, las tragedias en temporadas y los muertos en extras.

 

No encuentro un sólo punto admirable en su trayectoria.

Por eso este artículo no es sobre él.

Es sobre lo que dijo cuando ya no le quedaba nada.

Antes de escuchar su sentencia, Zambada asumió responsabilidad por el daño provocado, pidió perdón y dirigió unas palabras a las nuevas generaciones:

“Nadie gana en una guerra como esta”.

Y después soltó la frase que debería imprimirse en todos lados:

“Elijan un camino diferente”.

No lo dijo un maestro.

No lo dijo un político.

No salió de una campaña de prevención diseñada por una agencia de marketing.

Lo dijo alguien que pasó décadas en la parte más alta de ese mundo y, al llegar al último capítulo, confirmó que no había honor, futuro ni nada duradero al final del camino.

“Nadie gana”.

Vale la pena darle doble click.

No dijo que algunos pierden y otros se hacen ricos. No dijo que gana el más inteligente, el más violento o el que logra esconderse durante más tiempo.

Dijo que nadie.

No ganan las familias que pierden a sus hijos.

No ganan las madres que siguen buscando.

No ganan los jóvenes reclutados.

Y tampoco ganó él.

Durante años, el crimen organizado se ha vendido como un atajo a cierto estilo de vida: dinero rápido, poder, carros lujosos, fiestas y un supuesto respeto que, visto con calma, nunca fue respeto.

 

Era miedo.

La carta rompe esa mentira.

No la escribió alguien que vio o imagino ese mundo . La escribió uno de los hombres que conoció el paquete completo.

Conoció el dinero.

Conoció el poder.

Conoció la violencia.

Y ahora conoce el final.

Una celda en otro país.

La salud deteriorándose… y rapido.

Una sentencia sin posibilidad de libertad.

Y una hoja de papel para advertirles a otros que por favor no recorran el mismo camino.

Los corridos hablan del ascenso, del dinero y del hombre que nadie podía tocar.

No hablan del señor deteriorado enfrente del juez.

No hablan de los últimos años encerrado, lejos de su familia, dependiendo que una cárcel tenga atención médica suficiente.

Eso no entra en el video.

No se vería bien en las series.

Y definitivamente no rima.

Por eso no lo cantan.

En su mensaje, Zambada habló de jóvenes atrapados en un ciclo que sólo conduce a la cárcel o a la muerte.

Ahí está la carta completa, resumida en dos destinos.

 

Cárcel o muerte.

No hay una tercera puerta secreta.

Después viene (en mi opinión) la frase más importante:

“Elijan un camino diferente”.

Eso no lo convierte en ejemplo.

 

Lo convierte en advertencia.

¿La carta es sincera?

No lo sé.

Puede haber arrepentimiento, estrategia o consejo de abogados. Talvez buscaba mejores condiciones dentro de prisión.

Pero esa discusión no cambia el mensaje.

La verdad no deja de ser verdad por venir de quien viene.

El crimen no ofrece futuro.

La violencia no produce honor.

El miedo no es respeto.

Y ninguna cantidad de dinero alcanza para comprar de vuelta una vida .

La carta no limpia a quien la escribió.

No encuentra desaparecidos.

No reconstruye familias.

No es una historia de redención.

Es una confesión escrita desde el final.

Por eso deberíamos leerla los jóvenes. No como el capítulo heroico de un personaje famoso, sino como la última página de una historia que demasiadas veces les cuentan incompleta.

También deberían leerla los padres.

No se trata de prohibir canciones o cancelar series. Se trata de enseñarles el desenlace completo.

De mostrarles la última página y evitar que se enamoren de la portada.

La carta llegó demasiado tarde para sus víctimas, para las familias destruidas y para el hombre que la firmó.

Pero quizá tal vez pueda llegar a tiempo para alguien más.

Para algún chavo que confunde el miedo con respeto.

Que cree que el dinero rápido asegura un futuro.

Que piensa que el crimen es un atajo y no un camino sin regreso.

Los corridos siempre terminan antes de tiempo.

Esta carta, en cambio, sí cuenta el final completo.

Sin música.

Sin camionetas.

La cosa no es si quien la escribió merece credibilidad.

La pregunta que me surge es:

cuando pidió a las nuevas generaciones que eligieran un camino diferente, ¿estaba hablándole al mundo… o a sus propios hijos?