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17 de julio de 2026
Opinión

Con-ciencia y sin corbata

Con-ciencia y sin corbata
  • julio 17, 2026

¿Corriendo o Escaneando?

Emiliano Calvert

Hace unos días, en Nueva Jersey, un señor de 39 años jugó su tercera final de Copa del Mundo. Sólo Cafú lo había conseguido en casi un siglo de Mundiales. Semanas antes, otro señor (de 41) se despidió del torneo eliminado por la misma España que llegó a la final. Y por si faltara contexto: este Mundial presumió ocho jugadores de 40 años o más.

Récord histórico.

O sea que: el fútbol de élite envejeció, los treintañeros mandan y la juventud está sobrevalorada.

Conclusión de la ciencia del deporte: falso.

Y aquí es donde este artículo toma relevancia.

 

La trampa de la longevidad

Los datos cuentan otra cosa.

La edad promedio del top 100 del tenis pasó de 25 a 29 años entre 1985 y 2017.

La natación olímpica brincó de 20.8 a 24.5 entre 1964 y 2012.

¿Y el fútbol? De 24.9 a 26.5 años en la Champions entre 1992 y 2018.

El Mundial de México 86 promediaba 27; el actual, apenas 28.

Un año de “avance” en cuatro décadas.

Podríamos decir que: mientras casi todas las disciplinas aprendieron a estirar la vida útil de sus atletas, el fútbol sigue haciendo carreras al mismo ritmo de siempre.

Messi y Cristiano no son la nueva normalidad.

Son la excepción a muchas reglas del deporte.

 

La física no perdona

El pico de un delantero llega a los 25 años; el de un mediocampista, a los 26; el portero, que vive de otro negocio, estira hasta los 28 o 30. Y a partir de los 27, la reacción explosiva (esa que te deja ganarle la espalda a un central) se baja drasticamente.

Según estudios de la Universidad de Vigo, cada año de edad cuesta 1.8% de distancia recorrida a alta intensidad y 2.4% de sprints por partido. Es un impuesto físico que no admite deducciones.

Y mientras tus piernas pagan ese impuesto, el deporte sube la tarifa: las acciones de alta intensidad por partido pasaron de 118 a 176 en apenas siete años; la velocidad de los sprints, de 32.8 a 34.4 km/h; y en la última década los sprints por partido aumentaron 40%.

En el siglo pasado, un delantero podía caminar el partido y explotar tres veces. Eso ya no existe. La vara sube exactamente al ritmo en que tú bajas.

 

¿Y cómo se sobrevive a esto?

Los números son crueles: 80% de los profesionales sobrevive 10 años en competencia, 40% llega a 15 y menos del 10% supera las 20 temporadas.

Cristiano lleva 24, ¿y a qué nivel?

El mercado, que de romántico no tiene mucho, ya hizo cuentas: el contrato promedio de un sub-23 dura 23.3 meses; el de un mayor de 30, 13.2.

Pasando los 30, el fútbol te sigue queriendo… pero de año en año, como esas relaciones que nunca te presentan a la familia.

 

¿Entonces cómo le hicieron?

No corriendo más rápido. Reinventándose.

Cristiano recortó su propio fútbol: sus regates cayeron de 5.49 a 2.63 por partido y sus tiros de larga distancia, de 116 a 67 por temporada.

Enterró al extremo eléctrico que fue y se convirtió en finalizador de área.

Cambió el 7 por el 9.

Messi hizo lo contrario y, a la vez, lo mismo: dejó de correr.

Apenas 3.2 sprints por partido, cuando el promedio de la élite anda entre 5 y 10.

Más del 60% del tiempo se desplaza caminando.

Y aun así participó en 17 de los 22 remates de su selección.

No corre: escanea.

A los diez minutos de partido, su cerebro ya tiene el mapa de los espacios vacíos. Después, simplemente empieza el artista su obra de arte.

A eso súmale: la prevención obsesiva.

Neymar acumuló 956 días fuera de las canchas; Messi, 360 (4.5% de su carrera); Cristiano, apenas el 2%.

El talento genético deja de importar mucho cuando se conoce la intensidad moderna.

 

¿Y todo esto a mi que?

Si bajamos esa bola a nuestra cancha: esta no es una columna de fútbol.

Los atributos físicos (velocidad, explosividad, reacción) caen con la edad.

Los cognitivos (lectura del juego, criterio, control emocional) suben. En medio de esas dos curvas hay una zona de reconversión donde se decide todo: o dejas que la inteligencia acumulada cargue el peso que el músculo ya no soporta, o el sistema te empieza a renovar año tras año… con suerte.

En tu industria también subió la vara. También llegaron veinteañeros que sprintean a 34.4 km/h, ahora con IA de copiloto. Y no, la pregunta no es cómo seguirle el paso al de 20: esa carrera la pierdes por naturaleza. La pregunta es qué estás haciendo con tus 17 de 22 remates. Si ya aprendiste a caminar la cancha, a escanear, a estar parado donde la oportunidad va a caer antes que nadie más lo presienta.

 

En fin…

La ciencia da herramientas y la táctica da rutas, pero lo que sostiene veinte años de dolor, dieta y disciplina no es fácil: “Siempre quiero dar el máximo, siempre me quiero sentir bien y disfruto de esa manera. A mí me gusta jugar al fútbol, es mi pasión”, dijo el que ese día, a los 39, clasifico a su tercera final.

Esa es lo verdaderamente fuera de serie. El talento se puede fingir un rato; la pasión por el proceso, ni veinte minutos, mucho menos veinte años. Si no amas tu cancha, poco te salva.