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9 de julio de 2026
Opinión

Camino a Valinor

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  • julio 9, 2026

¿En dónde está Cabo Verde?

José Inocencio Aguirre Willars

¡Hola! Muy buenos días, tardes o noches, dependiendo la hora en que me lean.

Voy a hacer una confesión: antes de este Mundial yo no sabía exactamente en dónde estaba Cabo Verde.

Sabía que era un país africano, poco más. Como seguramente le ocurrió a millones de personas, era uno de esos nombres que aparecían en los mapas, pero rara vez en las conversaciones. Sin embargo, el fútbol tiene una capacidad extraordinaria para enseñarnos geografía, historia y, sobre todo, humanidad.

Cabo Verde es una pequeña nación insular frente a las costas de África occidental. Un país de recursos limitados, marcado por desafíos económicos, por la migración de buena parte de su población y por una historia de lucha constante para salir adelante. Nada en los pronósticos indicaba que sería protagonista de esta Copa del Mundo.

Y, sin embargo, ahí estaba.

La historia de su selección parece sacada de una película. Jugadores que llegaron tras convocatorias poco convencionales, futbolistas que no encontraban equipo, hombres que tuvieron que combinar sus sueños deportivos con trabajos cotidianos. El caso más emblemático fue el de su portero, quien durante largas temporadas trabajó como electricista y como maestro de voleibol para complementar sus ingresos.

Nadie esperaba nada de ellos.

Nadie los conocía.

Pero ellos sí creían.

Primero llegó aquella actuación heroica frente a España, una de las grandes potencias del fútbol mundial. Después vinieron las atajadas imposibles que convirtieron a su guardameta en un fenómeno global en redes sociales. Más tarde, el pase invicto a la siguiente ronda, el emocionante encuentro contra Argentina que nos tuvo al borde del asiento, el que para muchos fue el mejor gol del torneo y, finalmente, una despedida digna ante el campeón del mundo.

Cada partido parecía desafiar la lógica.

Porque esta historia nunca fue solamente de fútbol. Fue una historia sobre la dignidad de los sueños. Sobre personas comunes que decidieron no aceptar el papel que otros les habían asignado. Sobre hombres que entendieron que el tamaño de un país no determina el tamaño de sus aspiraciones.

Cuando regresaron a casa, no volvieron únicamente como futbolistas. Regresaron como héroes. Como el rostro de una nación que encontró en ellos un motivo para sentirse orgullosa y para recordar que los límites suelen existir únicamente en la imaginación de quienes dejan de creer.

Y pienso nuevamente en aquella confesión del inicio.

Antes de este Mundial yo no sabía exactamente en dónde estaba Cabo Verde.

Hoy sí lo sé.

Cabo Verde está en el corazón de millones de aficionados que encontraron en esta selección una razón para emocionarse, para creer en las causas imposibles y para recordar que, de vez en cuando, el deporte nos regala historias que son mucho más grandes que cualquier campeonato.

Saludos a todas y a todos y por aquí nos vemos la próxima semana.