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2 de julio de 2026
Opinión

Camino a Valinor

Camino a Valinor
  • julio 2, 2026

¿Y si sí?

José Inocencio Aguirre Willars

¡Hola! Muy buenos días, tardes o noches, dependiendo la hora en que me lean.

Hay momentos en los que el deporte trasciende los marcadores, las estadísticas y los resultados. Hay ocasiones en las que un equipo logra representar algo mucho más grande que once jugadores en una cancha. Creo que eso es precisamente lo que estamos viendo con la Selección Mexicana en este Mundial.

Más allá de los goles, de las victorias o de hasta dónde pueda llegar México en el torneo, hay algo que ha llamado poderosamente la atención: la actitud de este grupo de jóvenes futbolistas. Estamos viendo una selección que compite con intensidad, pero también con humildad; con talento, pero sobre todo con carácter.

Cada jugador parece haber entendido que representar a México no es un privilegio menor. Algunos son titulares, otros ingresan de cambio y algunos esperan pacientemente su oportunidad desde la banca. Sin embargo, todos han asumido con profesionalismo el papel que les corresponde. No hay protagonismos innecesarios ni actitudes individuales que estén por encima del equipo. Hay compañerismo, respeto y un objetivo común.

Esa quizás sea una de las mayores lecciones que esta generación está dejando. El éxito colectivo siempre es más importante que el reconocimiento personal. Cuando cada integrante entiende su responsabilidad y trabaja para que el conjunto funcione, los resultados terminan llegando.

También resulta inspirador observar el orgullo con el que portan la camiseta nacional. En cada partido se percibe el compromiso, el esfuerzo y el respeto por los millones de mexicanos que siguen cada encuentro con esperanza e ilusión. No juegan únicamente para ellos mismos; juegan por una historia, por una bandera y por un país entero que se emociona cada vez que los ve salir al terreno de juego.

En tiempos donde con frecuencia escuchamos noticias que dividen o generan incertidumbre, el deporte tiene la extraordinaria capacidad de recordarnos aquello que nos une. Durante noventa minutos desaparecen diferencias políticas, sociales o ideológicas. Todos alentamos a los mismos colores y compartimos el mismo deseo de ver triunfar a México.

Quizá ese sea el verdadero valor de esta selección. Nos está recordando que cuando existe disciplina, trabajo en equipo, respeto mutuo y amor por lo que representamos, somos capaces de competir con cualquiera.

Ojalá que esta actitud trascienda el Mundial. Ojalá que muchos jóvenes encuentren inspiración en estos futbolistas para entender que los grandes logros no nacen del individualismo, sino del compromiso con algo más grande que uno mismo.

Porque al final, independientemente de lo que ocurra en los próximos partidos, esta selección ya nos ha dejado una valiosa enseñanza: cuando se juega con el corazón, con humildad y con amor por México, ya se está ganando.

Saludos a todas y a todos y por aquí nos vemos la próxima semana.