Gana la derecha tambien en Perú
REDACCIÓN
La candidata de derecha Keiko Fujimori ganó la elección presidencial de Perú tras concluir el escrutinio oficial de los votos, imponiéndose por un estrecho margen al candidato de izquierda Roberto Sánchez y consiguiendo la Presidencia en su cuarto intento. El resultado marca el regreso del fujimorismo al poder después de 25 años y convierte a Perú en un nuevo escenario del giro político que atraviesa América Latina.
Durante la campaña, Fujimori centró buena parte de sus propuestas en el combate a la delincuencia, el fortalecimiento de las fuerzas de seguridad, la recuperación del orden público, el impulso a la inversión privada y la reactivación económica, en un contexto marcado por el incremento de la criminalidad y la inestabilidad política que ha caracterizado al país durante los últimos años.
El resultado peruano ocurre apenas unos días después de la elección presidencial en Colombia, donde el candidato de derecha Abelardo de la Espriella derrotó al aspirante de izquierda Iván Cepeda con una campaña igualmente enfocada en la seguridad, el combate al crimen organizado y la recuperación del control del Estado frente a la violencia. Ambos procesos electorales muestran cómo la seguridad pública se ha convertido en uno de los principales factores que orientan el voto en diversos países de la región.
Analistas consideran que, más allá de las diferencias entre ambos países, existe un patrón común: el crecimiento de la delincuencia organizada, el narcotráfico y la percepción de inseguridad han desplazado otros temas tradicionales del debate político, favoreciendo candidaturas que ofrecen mayor autoridad, fortalecimiento institucional y respuestas más firmes frente al crimen.
La victoria de Fujimori también refleja el desgaste que enfrentan diversos proyectos de izquierda en América Latina. En los últimos meses, tanto Colombia como Perú registraron triunfos de candidatos conservadores en procesos donde la seguridad, el orden y la estabilidad económica ocuparon un lugar central en las campañas electorales, consolidando una tendencia que diversos observadores identifican como un reacomodo político regional.
