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13 de mayo de 2026
Opinión

Con-ciencia y sin corbata

Con-ciencia y sin corbata
  • mayo 13, 2026

Doctorado en resiliencia, con sede en el Madero
Emiliano Calvert

El sábado pasado, Cruz Azul le ganaba 1-0 al Atlas y se metía a semifinales.

Cruz Azul venía de nueve partidos sin ganar.

Habían corrido al técnico.

El equipo estaba más cerca de terapia que de liguilla.

Y hoy… están a una serie de la final.

Si eso no es resiliencia, no sé qué sea.

Aquí en Saltillo tenemos una versión más barata del mismo curso.

Los Saraperos arrancaron… digamos que algo mal este año…

Y llevan dos años sin oler playoffs.

Y aún así… el Madero se disfruta.

La gente sigue gritando en la séptima entrada

como si fuéramos ganando, no perdiendo.

Hay un señor en tercera base (camiseta del campeonato 2010)

que aplaude cada strike… incluso en contra.

O el señor que vimos la semana pasada y nos presumió más de 4 décadas visitando el estadio…

Ese señor sabe “cosas”.

Porque la resiliencia se volvió medio “producto de moda”.

Te la venden como rápida:

Respira.

Aguanta.

Sonríe.

Vuelve más fuerte.

Como si fuera un suplemento.

Pero la resiliencia real no se ve así.

No es bonita.

No es inspiradora.

No tiene presentación PPT bonita.

Es el aficionado que ve perder a su equipo el viernes…

y el sábado vuelve a comprar boleto.

Sin berrinche.

Nomás va.

“Cruzazulear” existe por algo.

Durante años, Cruz Azul encontró formas creativas de perder finales…

y su gente encontró formas todavía más creativas de seguir creyendo.

Veintitantos años así.

Y ahí estábamos.

Si eso lo hace una empresa, le dicen “consistencia”.

Si lo hace un aficionado… le dicen menso.

Todo es cuestión de narrativa.

Lo que aprendí viendo a los Saraperos no me lo enseñó ningún “life coach”.

La resiliencia no es el comeback del año.

No es el speech motivacional.

No es el curso de seis sesiones.

Es el señor de la tercera base.

El que ya vio temporadas malas (muchísimas).

El que ya se frustró.

El que ya se enojó.

Y aún así… ahí sigue.

Ahora con su nieto.

Por eso creo que la gente no va al estadio sólo a ver ganar.

Va a algo más raro.

Va a sostener la posibilidad que un día se gane.

Y cuando pasa…

no hay momento eufórico como en las películas.

Hay algo más frío.

Más serio.

Más real.

El señor de la tercera base o de las 4 décadas no grita.

No llora.

Sólo asiente.

Como diciendo:

“Ya tocaba.”

Y como me dijo alguna vez un maestro:

“El fútbol (en este caso el Béisbol también) es la cosa más importante de las cosas menos importantes.”