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12 de mayo de 2026
Opinión

Con-ciencia y sin corbata

Con-ciencia y sin corbata
  • mayo 12, 2026

EL PROCESO no es guapo

Emiliano Calvert

Estamos entrando a esa época padrísima donde México entero se vuelve director técnico.

Mundial a la vuelta.

Liguilla ya empezada.

Y de repente todos sabemos qué le falta a la Selección, quién sobra, quién debería ir y por qué el entrenador “no entiende nada”.

Y hay una palabra que aparece muchísimo en estas pláticas:

“El proceso”.

Las escuchas en mesas de análisis, podcasts y TikToks.

Pero honestamente… creo que es muchísimo más complejo de lo que suena.

Porque el aficionado quiere algo más o menos así:

Llega entrenador nuevo.

Convoca a los mejores.

Hacen química en dos partidos.

Y en un año estamos peleando semifinales del Mundial.

Como si una selección fuera un FIFA Modo Carrera.

Un proceso no es nada más “darle tiempo al técnico”.

Primero el entrenador tiene que decidir algo fundamental:

¿A qué quiere jugar?

Y ahí empieza todo.

Porque el estilo depende de las piezas que tengas… y las piezas no siempre quieren (o pueden) jugar a lo que tú imaginas.

Luego viene quién realmente está disponible.

Y disponible no significa “los mejores futbolistas mexicanos”.

Significa:

los que pueden estar ahí, en esta versión actual de ellos mismos.

El de 22 que apenas despega.

El de 28 en su prime.

El de 34 que ya piensa en llegar sano al domingo.

Cada quién viviendo un momento distinto.

Luego está algo mas:

si al jugador realmente le interesa ir.

Y sí, pasa.

Carlos Vela ,uno de los talentos más grandes que ha dado México tuvo años donde la Selección simplemente no le interesaba.

Y ningún entrenador convence a alguien que no quiere estar.

También existe el caso opuesto:

el jugador que es brutal en su club… pero nunca hace match con la Selección.

Hugo Sánchez ganó cinco Pichichis en España y aun así México jamás encontró esa versión colectiva a su alrededor.

Era un fuera de serie… sin contexto.

Ahora súmale lesiones.

Súmale en qué liga juega cada uno.

Porque no llega igual el que pelea Champions… que el que viene de salvarse del descenso en Grecia.

Súmale qué entrenador tiene en su club.

Qué regularidad le da.

Qué rol juega.

Porque hay jugadores que en su equipo son extremos y aquí los quieres de carrileros.

Otros son el mero mero del área… y aquí los pones a aguantar pelota.

Cada cambio de camiseta también cambia instrucciones.

Y todavía falta lo emocional.

Los jugadores no llegan iguales aunque traigan el mismo uniforme.

Uno viene siendo banca.

Otro llega volando.

Otro trae confianza por los cielos.

Otro viene tronado mentalmente.

Otro acaba de ser papá.

Otro juega lesionado.

Y todo eso pesa.

Son demasiadas variables.

Veintiséis hojas de Excel abiertas al mismo tiempo.

Y suponiendo (que ya es mucho suponer) que todo eso salga bien…

queda algo que no puedes comprar ni acelerar:

el tiempo jugando juntos.

Y ojo:

no juntos en abstracto.

Juntos en ESTE sistema.

Con ESTE entrenador.

Con ESTA idea.

Porque hay movimientos que no se entrenan.

Se memorizan.

El central “ya sabe” cuándo el lateral va a salir.

El mediocampista “siente” cuándo el delantero va a romper.

El portero “reconoce” cuándo su defensa se está poniendo nerviosa.

Eso no sale en dos amistosos.

Sale después de años.

De errores.

De derrotas gachas.

De muchísima convivencia.

Y aquí entra lo más cruel …

El Mundial es cada cuatro años.

La liguilla cada seis meses.

Las oportunidades reales de consolidar una selección son poquísimas.

Mientras tanto, el fútbol mexicano vive con prisa.

Despidos rápidos.

Urgencia en todo.

Paciencia cortísima.

Dos relojes distintos.

Y nunca terminan de embonar.

Por eso me llama tanto la atención cómo en México hablamos de “procesos” como si fueran excusas…

cuando en realidad son la razón de ser.

Y construir algo sólido no vende tanto.

Pasa en empresas.

Pasa en proyectos.

Pasa en relaciones.

Y claro que pasa en fútbol.

Quizá ahí está el patrón.

Todos quieren levantar la copa.

Muy pocos quieren vivir el proceso para llegar ahí.

Hace unos días, Joel Huiqui (el interino de Cruz Azul) les dijo algo a sus jugadores antes de salir a la cancha:

“Lo que hagamos hoy, que tenga eco en la eternidad.”

Y ahí nació mi inspiración para hoy.

Los procesos de verdad no se miden en torneos.

Se miden en si lo que construiste… todavía suena cuando tú ya no estás.

El proceso bien hecho hace eco.

Lo demás… es puro ruido.