Con-ciencia y sin corbata
Verde de costumbre
Por Emiliano Calvert
Vivo en Saltillo.
Y vivir aquí tiene algo muy chistoso: hay un punto en la vida tarde o temprano en el que te haces fan de Saraperos de Saltillo.
No es opcional.
No es que un día digas: “a partir de hoy voy a seguir béisbol”.
No.
Es más como una resignación bonita.
Como esas cosas que no planeas… pero terminan pasando.
Hay quienes se enamoran durísimo.
Hay quienes nomás van de vez en cuando.
Pero todos todos tenemos ese momento.
El “boom”.
Este fin de semana fue la inauguración de la Liga Mexicana de Béisbol.
Y se siente.
El estadio lleno.
Miles de almas de verde.
Ese ambiente que solo se arma cuando la ciudad decide salir.
Pasto nuevo.
Roster nuevo.
Staff nuevo.
Esa combinación que genera algo muy específico:
ilusión.
Porque nadie sabe bien qué esperar…
pero todos queremos que salga bien.
Ir a un juego de Saraperos no es solo béisbol.
Es plan.
Es familia.
Es amigos.
Es la excusa perfecta para salir sin tener que pensarle tanto.
Y este año para acabarla, hay algo nuevo:
más comida.
Más restaurantes.
Más opciones.
Ir al estadio no es solo ver el juego.
Es decidir qué vas a cenar, qué vas a probar, qué se te antoja.
Es parte del show.
El primer juego estuvo bueno.
Cerrado.
Emocionante.
De esos que te tienen metido hasta el final.
El sábado… bueno.
El sábado estuvo gacho.
Pero aquí viene lo positivo (si hay).
Porque al final, esto no se trata tanto del resultado.
Se trata de algo más simple….
En una ciudad como Saltillo donde no sobran espectáculos masivos cada fin de semana
tener un plan así no es poca cosa.
Es cultura de la ciudad.
Es rutina.
Es punto de reunión.
El béisbol aquí no compite con mil cosas.
Aquí el béisbol acompaña.
Acompaña tu semana.
Acompaña tus relaciones personales, laborales, etc.
Acompaña tu forma de vivir la ciudad.
Y sin darte cuenta…
te va agarrando.
Porque eso es lo que pasa.
No te haces fan de Saraperos de golpe.
Te haces fan en partes.
En un juego que te gustó.
En una noche con amigos.
En una cheve bien fría viendo una carrera en la novena entrada.
Hasta que un día…
ya estás ahí otra vez.
Y ya ni te preguntas por qué.
Porque en Saltillo, más que un equipo…
Saraperos es otra cosa.
