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20 de abril de 2026
Opinión

Camino a Valinor

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  • abril 16, 2026

El extraño de Pelo Largo

José Inocencio Aguirre Willars

Hola! Muy buenos días, tardes o noches, dependiendo la hora en que me lean.

En estos días, con la partida de Felipe Staiti, se cierra un ciclo que para muchos no es sólo musical… es profundamente personal. Hace algunos años ya había partido Marciano Cantero, y con ello, poco a poco, esa banda que marcó a toda una generación comienza a convertirse en recuerdo.

Pero hay recuerdos que no se van.

En mi caso, Enanitos Verdes no es sólo un grupo. Es un punto de partida. Es infancia. Es descubrimiento.

Recuerdo perfectamente cuando escuché por primera vez “La Muralla Verde”. No fue sólo una canción. Fue una puerta. Una de esas que no sabes que estás cruzando… pero que, cuando volteas años después, entiendes que cambió tu camino.

Ahí empezó todo.

Ese primer acorde, esa letra, esa energía… fueron la antesala de algo más grande: el amor por el rock. Un género que desde entonces no me ha soltado. Que me ha acompañado en cada etapa de la vida. Que ha sido refugio, impulso, compañía.

Porque eso hacen las buenas canciones: no sólo se escuchan… se viven.

Las letras de los Enanitos Verdes no eran complicadas, pero sí eran honestas. Y esa honestidad es la que conecta. La que hace que una canción te encuentre justo cuando la necesitas. En la infancia, en la adolescencia, en la juventud… y también en la vida adulta.

Tuve la oportunidad de verlos en vivo, cuando era joven, cuando el Lamento Boliviano se cantaba desde un rincón del alma que empezaba a descubrir. Años después, ya con otra perspectiva, pude volver a verlos… pero ahora acompañado de mis hijos, de mi familia, de mis amigos de la infancia, esos con quienes construí maravillosos recuerdos acompañados con los acordes de Felipe Staiti y la voz de nuestro querido Marciano. Ahí entendí algo más profundo: la música no sólo marca momentos, también los une.

Se convierte en puente entre generaciones.

Hoy, al recordar a Felipe y a Marciano, queda claro que su legado no está en los discos… está en las vidas que acompañaron.

Porque el arte, cuando es genuino, no envejece. No pasa de moda. Se queda contigo. Se adapta a tus etapas. Crece contigo.

Y en un mundo que muchas veces va demasiado rápido, tener canciones que te anclan, que te recuerdan quién eres y de dónde vienes, no es un lujo… es una necesidad.

Hoy no sólo se despide a un músico. Se honra una historia. Se agradece una compañía.

Y se reconoce algo que a veces olvidamos: que la cultura, la música, el arte… no son accesorios de la vida. Son parte de su esencia.

Querido Felipe, como diría otro grande de la música en Argentina: ¡Gracias Totales!

Saludos a todas y a todos y por aquí nos vemos la próxima semana.