Convicciones
Ante la ONU dos visiones distintas
Rubén Aguilar Valenzuela
Ante la pasada resolución del Comité Contra la Desaparición Forzada (CED) de Naciones Unidas (ONU) sobre el caso de personas no localizadas en México, fueron radicalmente distintas la reacción de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) y de la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México (CDHCM), las dos instancias oficiales.
La CNDH, presidida por María del Rosario Piedra Ibarra (Monterrey, 1951), desde el gobierno del presidente López Obrador (2018-2024), que la puso en el cargo, siempre ha operado como una oficina de Palacio Nacional. En esta ocasión su reacción inmediata, como lo hicieron otras dependencias del gobierno federal, fue descalificar el reporte de la ONU, que dijo “se basa en posturas sesgadas de organizaciones no gubernamentales”.
La CDHCM, que encabeza María Dolores González Saravia (Ciudad de México, 1957), que sólo tiene unos meses en el cargo, sostuvo que “en el contexto de desapariciones que atraviesa el país, se requiere mantener una disposición abierta al escrutinio y a la cooperación técnica, tanto de instancias nacionales como de los mecanismos del sistema internacional de derechos humanos”.
Piedra Ibarra, en su declaración, además de descalificar a la ONU lo hizo también del Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez, A.C., institución fundada por la Compañía de Jesús, que tiene un gran reconocimiento nacional e internacional, por su trabajo de investigación, cercanía con las víctimas y sus familiares y su probada independencia.
González Saravia, sostiene que la desaparición de personas constituye una violación grave a los derechos humanos, con impacto a nivel individual, familiar y social, y subraya, con un gran conocimiento sobre el estado de los derechos humanos en México, que su pleno respeto es uno de los más grandes desafíos que tiene el país.
La CDHCM, afirma su responsable, ha emitido recomendaciones en materia de búsqueda y acceso a la justicia, y mantiene expedientes de quejas activas y ha dado seguimiento a casos relacionados con búsquedas inmediatas, debida diligencia e investigaciones y atención integral a víctimas. Y también que hay acciones de coordinación entre la Comisión de Búsqueda de Personas y la fiscalía local a través del gabinete de búsqueda, para mejorar los procesos de localización e identificación.
El origen de donde vienen Piedra Ibarra y González Saravia, puede explicar su reacción. El único mérito de la primera es haber sido hija de Rosario Ibarra de Piedra (1927-2022), personaje clave en la búsqueda de los desparecidos en México. La última, antes de llegar a la CDHCM, trabajó cuarenta años a favor de los derechos humanos y en la construcción de procesos de paz, siempre en Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC).
Es una especialista reconocida nacional e internacionalmente en derechos humanos y resolución de conflictos. En dos períodos dirigió la organización Servicios y Asesoría para la Paz, A.C. (SERAPAZ), que en 1996 funda Samuel Ruíz García (1924-2011), que fue obispo de la diócesis de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, que también fue sede del obispo Bartolomé de las Casas (1484-1566). Maria Dolores González Saravia y Miguel Álvarez Gándara contribuyen de manera decidida en esta fundación.
@RubenAguilar
