Banner

El medio que cubre todo Coahuila

4 de febrero de 2026
Local

Impulsan migrantes vida en las parroquias

Impulsan migrantes vida en las parroquias
  • febrero 4, 2026

Jessica Rosales

La llegada de personas del centro y del sur del país al sureste de Coahuila ha impactado la vida comunitaria y también la dinámica de las parroquias en Saltillo, donde según el obispo Hilario González García, muchos de quienes migran “buscan un lugar de referencia, un lugar de pertenencia” para continuar su vida religiosa y servir.

En entrevista para el noticiario Fuerte y claro, con Juan De León Estrada, en Grupo Región, el obispo de la Diócesis de Saltillo explicó que, durante sus recorridos, ha observado que quienes llegan de otros estados se incorporan con rapidez a la vida parroquial; incluso señaló que en algunas comunidades hasta el 80 por ciento de los feligreses son personas foráneas.

“Viene mucha gente del sur, viene de todas partes donde son muy católicos”, comentó al hablar de las diferencias de religiosidad entre regiones y de los retos de integración que enfrentan las comunidades

“En estos cinco años que llevo, en las visitas pastorales a las iglesias, me doy cuenta que se han integrado”, dijo, al señalar que es un proceso natural cuando una persona cambia de ciudad: “Creo que es natural cuando uno sale y busca un lugar de referencia, un lugar de pertenencia, un lugar donde seguir practicando nuestra vida religiosa”.

El prelado puso como ejemplo la composición de una comunidad en la que observó una presencia mayoritaria de población migrante. “Voy a una parroquia y me doy cuenta que casi toda la población, en un 80 por ciento, son de otros estados: Veracruz y Hidalgo; hay mucho hidalguense”, comentó.

Agregó que muchos llegan con experiencia previa en el servicio religioso. “Me doy cuenta que muchos de ellos, en su lugar de origen, eran del coro, eran catequistas o rezanderas”, señaló.

Esa experiencia, dijo, suele traducirse en una participación inmediata en las parroquias de Saltillo y su zona metropolitana. “Llegan aquí y naturalmente buscan la parroquia como un lugar de pertenencia, donde seguir sirviendo y donde apoyar; entonces se integran rápidamente”, indicó, aunque advirtió que el reto no termina con la incorporación a las actividades, sino con la convivencia entre grupos diversos. 

Hilario González reconoció que las diferencias de origen pueden traer consigo fricciones previas. “Unos son de un rancho, otros de otro, y a lo mejor hay heridas ancestrales de que no se hablan o no se llevan”, dijo, y añadió: “A veces dicen: ‘Pueblo chico, infierno grande’”.

Religiosidad del sur y particularidades de Saltillo

Durante la conversación, el obispo comparó el tipo de religiosidad que llega con la de la región noreste. “A diferencia del norte, donde estamos más influidos por los americanos, los nativos del noreste somos más pragmáticos y muy sencillos en nuestras prácticas religiosas”, expresó. En contraste, señaló que “el centro y el sur son más devocionales y tienen más tradiciones de piedad”.

Sin embargo, consideró que Saltillo tiene rasgos propios dentro del noreste. “Saltillo es una excepción en el noreste porque sí hay una gran piedad aquí”, afirmó, y mencionó manifestaciones religiosas y culturales presentes en la ciudad. “Está el fenómeno de los matlachines, hay danzas por todas partes”, dijo, al describirlo como “un rasgo”.

Con ese contexto, explicó que el principal desafío pastoral es acompañar a quienes llegan y lograr su integración. “Para mí ha sido este reto: cómo acompañar a esas personas y cómo integrarlas, para que se sientan parte de Saltillo”, afirmó.

Sureste de Coahuila, polo de atracción frente a la migración rural

Hilario González explicó que su experiencia previa como obispo se desarrolló en un contexto muy distinto, al provenir de la diócesis de Linares, en Nuevo León, caracterizada por un entorno predominantemente rural. Señaló que en aquella región las principales ciudades, Linares y Montemorelos, contaban con alrededor de 100 mil habitantes cada una, mientras que la población total oscilaba entre 450 mil y medio millón de personas.

En contraste, al llegar a Saltillo se encontró con una realidad urbana mucho más amplia y en constante crecimiento. Indicó que la capital coahuilense y su zona conurbada conforman actualmente una mancha urbana cercana al millón de habitantes, lo que refleja un fenómeno inverso al que vivió anteriormente, donde la población solía emigrar en busca de otras oportunidades. 

En el sureste de Coahuila, explicó, ocurre lo contrario, pues la gente llega a establecerse, impulsada por el desarrollo económico e industrial, como ha sucedido en municipios como Ramos Arizpe, que pasó de ser una localidad de tránsito a consolidarse como un importante polo industrial.

Cambios de sacerdotes: criterios pastorales

Respecto a los movimientos recientes de sacerdotes entre parroquias, el obispo señaló que se trata de un proceso habitual tanto en las Diócesis como en cualquier organización. Reconoció que suele existir resistencia a los cambios, especialmente en regiones donde históricamente los sacerdotes permanecían largos periodos en un mismo lugar, en parte por la escasez vocacional que ha caracterizado al noreste del país.

Explicó que estos ajustes se analizan bajo tres criterios fundamentales: el bienestar del sacerdote, el bien de la comunidad y el fortalecimiento de la Iglesia en su conjunto. En ese sentido, destacó que los cambios permiten el crecimiento personal y pastoral de los sacerdotes, al evitar que se estanquen en una sola dinámica y abrirles nuevos retos y oportunidades de desarrollo.

Asimismo, subrayó que las comunidades actuales son más dinámicas y móviles que en el pasado. A diferencia de generaciones anteriores, donde las personas solían permanecer toda su vida en el mismo lugar, hoy existe una mayor movilidad social, lo que hace necesario replantear la organización pastoral. Bajo este contexto, consideró que la llegada de un nuevo sacerdote puede facilitar la integración de quienes se incorporan a las parroquias, al abrir espacios de participación y pertenencia.

Ante versiones sobre posibles movimientos en otros arzobispados, el obispo recordó que existen procesos establecidos dentro de la Iglesia, como la presentación de la renuncia al cumplir 75 años de edad. En lo personal, reiteró sentirse cómodo y comprometido con su labor en Saltillo, donde manifestó su deseo de continuar al frente de la diócesis.

Diálogo con el gobernador: familia, empleo y paz

El obispo también se refirió al encuentro que sostuvo con el gobernador Manolo Jiménez, junto con los demás obispos de Coahuila, en el que intercambiaron puntos de vista sobre temas sociales y pastorales. Durante la reunión, detalló, abordaron asuntos relacionados con la familia, el empleo y los retos sociales que enfrenta la entidad, así como las estrategias del gobierno para atenderlos.

Indicó que el objetivo de estos encuentros es fortalecer el acompañamiento social y promover una cultura de paz, diálogo y mediación, sin que ello implique una postura de confrontación. Defendió la importancia del diálogo institucional y la colaboración entre distintos actores sociales, al señalar que la Iglesia busca sumar esfuerzos y contribuir al bien común, sin aspirar a cuotas de poder.

Finalmente, reiteró su llamado a la comunidad católica a participar activamente en la vida parroquial, integrándose a sus comunidades y encontrando un espacio para servir. Subrayó que la vocación cristiana implica un compromiso activo con los demás, al recordar que los fieles están llamados a ser agentes de bien dentro de la sociedad.