Con-ciencia y sin corbata
Cuando la línea se detiene, la gente no
Emiliano Calvert
Saltillo volvió a sentir un gancho seco en el estómago.
En los últimos días se confirmó un ajuste de personal en la planta de Stellantis (la histórica Chrysler para todos) y, como siempre que pasa algo así, la conversación se llenó de preocupación, incertidumbre y silencios muy tétricos .
Porque cuando una armadora se mueve, no se mueve sola.
Se mueve toda la ciudad.
No es solo el trabajador que pierde su turno. Es la familia que ajusta gastos. El proveedor que ve caer pedidos. El restaurante de la esquina que sirve menos desayunos. El transporte, el taller, el técnico, el comercio. La industria automotriz en Coahuila no es un sector económico: es un ecosistema.
Y sí, hay que decirlo : estos recortes no nacen en Saltillo. Son decisiones globales. Ajustes por cambios en la demanda, presión de costos, transición tecnológica, tensiones comerciales y un mercado que ya no se comporta como antes. El tablero se movió… y no le avisó a nadie.
Pero aquí viene la parte importante.
Saltillo no es una ciudad improvisada.
Es una ciudad entrenada para resistir.
No es la primera vez que la industria se sacude. Ya hemos vivido crisis, paros técnicos, caídas y regresos. Y siempre pasa lo mismo: el golpe llega, duele… y después aparece algo que no sale en los comunicados oficiales: la capacidad de la gente para adaptarse.
Porque aquí hay técnicos que saben más de procesos de lo que creen. Ingenieros que entienden sistemas completos, no solo una estación de trabajo. Operadores que aprendieron disciplina, ritmo, precisión y trabajo en equipo. Eso no se despide. Eso se queda.
El error sería pensar que un recorte define una carrera.
No la define.
Define, en todo caso, un punto de inflexión.
Las crisis industriales no solo cierran puertas; también obligan a abrir otras. Nuevas plantas, nuevos sectores, nuevas formas de producir, emprender o especializarse. Y mientras algunos ven solo pérdida, otros (con miedo, sí, pero también con visión) empiezan a moverse.
Capacitarse. Reacomodarse. Buscar. Crear.
Nada de eso es fácil. Nadie romantiza un despido. Pero quedarse inmóvil tampoco es opción. Saltillo creció porque su gente nunca esperó a que alguien más resolviera todo.
Me gusta verlo del lado de:
los ciclos económicos van y vienen, pero el talento permanece.
Hoy toca hablar con honestidad, apoyarse como comunidad, exigir claridad a empresas y autoridades, pero también mirarse al espejo y preguntarse: ¿qué sé hacer?, ¿qué puedo aprender?, ¿dónde puedo aportar?
Porque cuando la línea de producción se detiene, el valor humano no.
Y eso (aunque no cotice en bolsa) es lo que siempre ha sostenido a esta ciudad.
Saltillo no se define por un ajuste de personal.
Se define por lo que hace después.
Y eso, históricamente, lo ha hecho bien.
